SOLITARIO

Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Al atardecer estaba solo allí. Mateo 14, 23

 Jesús busca a menudo espacios de soledad para retirarse. Cierra y abre el día en lugares solitarios donde se mantiene en oración. Su vida  nos enseña que es bueno orar antes de empezar la actividad del día o después de ella, o ante la toma de una decisión o en momentos difíciles. La naturaleza, el monte, el desierto y más allá de la orilla del mar es donde Jesús  tomaba distancia.

En nuestro mundo hay muchos lugares solitarios, silenciosos o sonoros: la orilla del mar con el ritmo de sus ruidos; el campo silenciado por la nieve en invierno; el monte en primavera con los pájaros enamorándose; las riberas de los ríos en invierno ensordeciendo los oídos; la alameda en otoño con sus hojas levantadas chocando sin silencio. Y unos más frecuentes para la vida corriente de la ciudad: la mesa de trabajo con los ruidos del teclado o sin ellos, papeles anotados y en la estantería un montón de recuerdos; el parque al amanecer; la cocina con sus aromas y sabores; la calle de madrugada al ir a trabajar; la soledad del coche envuelta en los ruidos de la ciudad; y el instante de uno solo en el vagón del tren.

Todos pueden ser lugares para que silencio de Dios, guardado en nuestro ser, abrase el corazón y nos contagie su bondad.

Isa

Paul Winter Consort- River Run ( 4:02)