Cosecha

 
 
 
 
Al ir, van llorando,
llevando la semilla;
al volver vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Salmo 126, 6
 

 

 

En la Biblia encontramos la palabra COSECHA en muchas ocasiones. En la antigüedad, la cosecha del año marcaba la vida de los pueblos, tanto es así, que el pueblo de Israel tuvo que emigrar, es decir dejar su tierra con todo lo que supone la tierra para ellos, e irse a Egipto dejándolo todo porque no tenían qué comer. Eran épocas de vacas flacas. El reflejo de esta situación de carencia también lo vemos en España, muchos pueblos quedaron despoblados por la escasez de alimentos y sus habitantes tuvieron que emigrar.

Y la acción de cosechar tiene mucho paralelismo con las cosas de la vida.

Una buena cosecha necesita de muchas labores previas: seleccionar las simientes, preparar el terreno, orearlo y  abonarlo y, ya después, podremos sembrarlo. Pero no todo termina ahí. Después hay que regar en su justa medida, y también evitar que se lo coman otros bichos antes que nosotros. Y a pesar de hacer todo bien,  y cumplir todos los pasos, la cosecha se puede malograr por otras circunstancias fuera del alcance de nuestras manos como son las inundaciones, el granizo, alguna helada o la sequía extrema.

Cuando sembramos,  y ponemos el corazón en ello, ya visualizamos una gran cosecha, pero a veces la cosecha se malogra sin saber por qué. Corazón puesto en la educación de unos hijos que salen rana; en un trabajo frustrado; en una amistad  mal entendida; en un proyecto ilusionante que no sale. Entonces nos sentimos fracasados y preguntamos ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué salió así si puse todo mi amor? Ah! Sólo Dios sabe el porqué. A lo mejor el fruto está en Él y lo buscamos visualmente en nuestro beneficio personal.

Nunca tenemos la seguridad del éxito en el trabajo aunque lo hayamos hecho todo fenomenal. La fe está en no derrumbarse cuando se viene todo a bajo, como casa de adobe en tormentas torrenciales, y nos quedamos sin la anhelada cosecha,  sin los resultados deseados.

Hay una mente superior a la nuestra que tiene todo planificado a la perfección y busca otra COSECHA diferente a la que nosotros esperamos, por tanto debemos aprender a vivir a la intemperie suya, a la intemperie de Dios.

Isa

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