Tierra Santa

 La tierra de Jesús no tiene fronteras, es amplia, ocupa el mundo.

Toda la tierra es Santa y además habita en nosotros: no es un lugar es un Ser.

Somos encarnación de tierra santa cada uno porque somos personas engendradas por Dios.

Somos, como María, procreadores de Tierra Santa, podemos dar a luz Tierra Santa si ponemos el Sí, como el  de María,  en la boca de nuestra vida, pues su  Sí es un sí a Dios encarnado en Jesús y en la fertilidad de su tierra.

Somos Tierra Santa cuando somos humanos y cercanos.

Somos Tierra Santa cuando amorosamente reímos con el que ríe, lloramos con el que llora, rodamos con el que rueda, caminamos con el que camina, esperamos al que tarda, miramos con el que mira, buscamos con el que busca, comemos con el que necesita comer y bebemos con el que necesita beber.

Somos Tierra Santa cuando olemos, tocamos, besamos, escuchamos, queremos, miramos y vivimos con la persona que tenemos al lado, ya sea como sea, de la edad que sea y con la realidad física e intelectual que le haya tocado en suerte.

Somos Tierra Santa cuando ponemos la mirada fuera de nosotros, salimos y vemos al otro como es, respetando su realidad, respetando su persona e intentando comprenderla dejando que Dios, en su grandeza, le toque, nos toque transformando nuestra tierra de barro, cuerpo de barro en cuerpo santo, Tierra Santa.

Isa

Bolero a Marcos Vicente Amigo (5:38)