HABITAR


La Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Jn 1, 14

 El otro día un amigo querido me sugirió, para que orásemos, la palabra HABITAR.  ¡Cómo me gustó aquello! Me encantó por dos cosas, primero porque pensé que podía ser una palabra estupenda para dialogarla con y en Dios, pues es una palabra cálida, profunda y sencilla, y por otra parte me gustó por el lugar donde me hizo la sugerencia: estábamos, nada más y nada menos, que en la capilla de la Anunciación de Nazaret en la tierra de Israel.

Hay veces que la Vida tiene esa hondura que fascina, habla al oído y al corazón al mismo tiempo, y lo que es más sorprendente, somos capaces de escuchar y entender lo que nos dice. Justamente en aquel lugar de Nazaret, Dios preguntó a una mujer, María, si le dejaba su vida para poder habitar en las nuestras de una manera más visible y cercana. Quería estar y permanecer en la historia de la humanidad haciéndose humano. Aunque, Su Palabra ya habitaba entre nosotros antes de Jesús; Su Presencia ya vivía y convivía con nosotros antes de Jesús; La Creación respiraba su aliento antes de Jesús, quiso habitar aún más de cerca la vida de los hombres del mundo. Entonces,  preguntó a María si esto podía ser y ella se lo permitió transformándose en su útero fecundo.

Me gusta pensar que habitar supone estar y llenar espacios, vivir en y convivir con, es adaptarse a lo que hay y como está y luego inundar con la presencia. El diccionario nos cuenta que Habitar es:

–          Permanecer un ser vivo en un lugar a lo largo de su vida o parte de ella
–          Ocupar alguien un lugar físico como residencia habitual
–          Poblar, residir, vivir.
Dios nos quiso hacer su residencia habitual, como lugar físico donde estar de manera permanente, aunque  con un gran respeto. Dios se adapta a todos y cada uno,  permanece allí, oculto en nosotros. Aquí está, en mí.  Dios es hasta demasiado respetuoso, porque hay personas que ni se enteran de su presencia en ellos mismos. Ahí está, en ti. Dios, con su manera de actuar, nos enseña cómo debemos de habitar nuestra vida y estar en la de los demás. 

Habitar, es morar, es ofrecer hospitalidad al que llega o está con nosotros, supone hacer habitables nuestros espacios de convivencia: la familia, el trabajo…; hacerse solidario con el mundo implicándose en la realidad concreta de la persona. Es abrir nuestros tiempos limitados de vida a lo desconocido, sea grande o chico. Es crear hábitat de convivencia, cercanos y próximos  en el camino concreto de la vida: en el coche, en el autobús, en el metro, en la carnicería, en la panadería, en la calle… Pues se habita con la presencia amorosa del ser. Presencia que nuestras mentes puede ser que no capten, pero sí la intuición del corazón. Es algo que llena el alma en un instante de la Vida de cualquier persona.

Escudriñar las Escrituras, habitarlas, pues ellas hablan de mí…, eso he intentado.

Un beso,  Isa 

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A esas personas queridas con las que me gusta habitar la Vida:  Vicente amigo.- Bolero de Vicente (6:49) http://www.youtube.com/watch?v=KuX5NTy2dXI