Tiempo (2ª parte)

 
 
 
 
 
Cuando el  hombre termina,
entonces empieza. 
Si 17, 7

 

Esta afirmación bíblica indica la posibilidad de seguir siendo cuando termine la medida de nuestro tiempo. Nos abre a la esperanza de una vida futura después del paso del tiempo.

Dios no tiene tiempo. Nosotros, aquí en la tierra, sí. Dios es la permanencia. Nosotros, ahora,  la mortalidad. Mortalidad que acabará con el paso del tiempo. Tiempo que abre las puertas a la eternidad. Eternidad que es la parada del tiempo en Dios.

“El  tiempo de Dios es el mejor de todos”, dice una cantata de Bach. Y todos los tiempos son Suyos, todos lugares de Su presencia, aunque en unos no haya que tener fe para verle  y en otros sin la fe no lo creeríamos.

El tiempo lo mide todo, todo está bañado por él. Todo menos la eternidad.

La eternidad  no tiene reloj ¿Cuál será su medida? ¿Tal vez será el amor, sentimiento que  hace sentirse a uno pleno, lleno al amar o ser amado,  y que al mismo tiempo da sentido a la existencia? ¿Será esa la medida, el amor, medida que no se puede tocar, ni ver, ni oír, ni medir, medida que traspasa el tiempo?

¿La eternidad se medirá como en cubitos de amor, de vida amorosa, que podemos ir llenando y apilando durante el tiempo que se nos ha concedido,  y así  después podernos subir en ellos y asomarnos, y ver, y entender lo pasado, y por fin comprender la esencia de Dios?

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

(José Luis Martín Descalzo)

¿Quién habita mis tiempos? ¿Con que verbos los lleno? ¿Cómo abro  y cierro mis días? ¿Con quién me desvivo? ¿Cómo preparo mis tiempos para encontrar lo que tanto buscamos…?

Isa

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My Kindom, my Rules. Alexandre Desplat ( 2:11)

http://youtu.be/H-sXC4SYAY4

 

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 EL TIEMPO EN LA BIBLIA (2ª parte)

 

Tiempo (1ª parte)

 

 Todo tiene su momento
y cada cosa su tiempo
bajo el cielo.
Qo 3, 1
 
 

Unas veces el tiempo vuela, pasa como una exhalación,  y otras es eterno, lento en el paso del momento.

 Vivimos situaciones que pasan volando, que duran poco, son momentos que cuando empiezan ya terminan. Cuando estamos disfrutando de ellos no somos conscientes del paso del tiempo, y sin embargo lo vivido se va evaporando, se va fugando como el sol en el horizonte al final del día, sin sentir, sin oír el tic-tac  que lo despide. El sol  marca  el  tiempo y la luna lo templa, la noche sumerge en  lo vivido.

 ¡Qué rápido pasa el tiempo cuando se tiene deseo de vivirlo!  A veces, antes de que pasen  las cosas ya nos lamentamos de su final: momentos de amor con el amado, la visita de una hija que ya no está en casa, el plan con los amigos, los ratos de interioridad, la reunión que alimenta, y eso que tanto me gusta hacer…

 Y cuántas veces nos gustaría detener el tiempo, no para poder disfrutar más del presente, sino para que algo permanezca indefinidamente en el futuro,  y así, no tener que pasar por ello.

 ¡Qué lentas se mueven las manillas en ocasiones! Dice Jesús: “Tengo que pasar por un bautismo y ¡qué angustia hasta que se cumpla!” Lc 12, 49. Pero el tiempo es imparable para  lo bueno y para lo malo, así lo quiso su creador.

El tiempo es una medida marcada por el sentimiento,  pasa veloz cuando está lleno de amor, de deseo,  y es lento cuando de ello escasea o se baña de dolor o sufrimiento.

Pero todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo, lo amoroso y lo tedioso. Todo enmarcado, sumergido en los avatares del vivir,  y  lleno de sentido si confiamos en que Dios habita con nosotros en  cada uno de los momentos.

Isa

Una música: The King´s Speech.- Alexandre Desplat ( 3:55)

http://youtu.be/TMFRqrf_qXg

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EL TIEMPO EN LA BIBLIA (1ª parte)