SALIR

 

Sal ya!

 

 “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré.”

Gn 12, 1

En la Biblia hay salidas muy sonadas, valientes portazos a la vida anterior.

En los primeros tiempos de la historia, Dios prometió a Abrahán que  sería una bendición para todos y que se convertiría en el padre de todas las naciones. Le dijo que viviría en una tierra nueva y rica donde podría sembrar su vida para poder conseguir lo que tanto deseaba. A Abrán la voz de Dios le apasionó, le sedujo como aquel tesoro escondido o esa perla de gran valor. Entonces, hizo lo que escuchó. Tomó a su mujer Sara, su familia y todas sus cosas, y SALIÓ de su tierra con la mirada puesta en un futuro incierto, pero prometedor. No fue fácil, pero siempre Dios estuvo con él. Así Abrán se convirtió en el arameo errante  y una bendición para la humanidad.  

Siguiendo en la historia, el pueblo de Israel con Moisés a la cabeza, un día SALIÓ de Egipto hacia una nueva tierra, dejando  el mundo donde no era libre, donde había demasiados dioses cuyo lenguaje era el sacrificio, donde  su descendencia nunca sería tan inmensa como las estrellas del firmamento, y donde el motivo de la existencia era construir pirámides de roca sin la piedra angular, la roca verdadera. Entonces, a pesar de tener asegurada la comida diaria y la casa, dieron carpetazo a la vida anterior, se organizaron y se fueron eternamente por el desierto. Y Dios les acompañó en forma de nube  para quitarles el sol abrasador del día y de columna de fuego para iluminarles por la noche. Y consiguieron, después de muchas penurias,  llegar a la tierra de la libertad. 

Más adelante en la Biblia podemos seguir leyendo historias de personas valientes que se dejan llevar por la voz de Dios y deciden salir hacia fuera, a lo desconocido dejando lo anterior. Unas veces  en solitario y de manera obligada, como el profeta Elías, que SALIÓ corriendo de la persecución a la que estaba sometido y se escondió en una cueva muerto de miedo. Allí se encontró a Dios en el silencio de la brisa al SALIR  de ella. Otras veces en familia y voluntariamente, como los hermanos Macabeos que decidieron SALIR juntos de la opresión  para plantar cara  al poder político que asfixia. No fue fácil, pero consiguieron que todos hablemos de su exitoso rollo.

En tiempos más cercanos, María nos enseñó otro tipo de salidas. Ella se embarcó en una nueva aventura tras dar su sí a la concepción y nacimiento de una nueva vida, la Vida de Jesús, saliendo generosamente de sí misma con la mirada puesta en Dios. Y gracias a ella, la humanidad se transformó. Y Dios la hizo su madre. 

Jesús nos enseñó que debemos tener confianza en Dios y no tener miedo a lo incierto. Él salió del Padre, vino al mundo, y tras su estancia en un desierto, volvió a salir impulsado por el Espíritu para cumplir la voluntad de Dios. Y Dios es Él mismo.

Los seguidores y seguidoras de Jesús también comenzaron su historia de olvido de la seguridad presente, de aperturas de puertas para ir tras la promesa. Un salida que puede ser la entrada en la Vida.

Salir, abrir el claustro que nos encierra. Ventilar la vida. Dejarnos seducir. Apasionarnos con la vida creyendo que  Dios nos acompañará siempre en un trayecto que no tiene pinta de ser fácil. Él estará con nosotros como así fue con nuestros padres más antiguos,  de día como una nube para no quemarnos,  y de noche como una columna de fuego para poder verle y caldearnos el alma.

Isa

___________________________________________________________

Una música: Olvido-Astor Piazzolla (4:41) http://youtu.be/0adwx5hDcVs