Rastro

 
 
¿De qué nos ha servido nuestro orgullo?
¿Qué nos han reportado las riquezas de que presumíamos?
Sab 5, 8
 

El rastro es la huella de una presencia ya ausente.

El rastro es lo que queda después del paso, si  no hay paso no hay rastro. Es la suma de una, otra y otra huella. Es la constancia de un hecho.

Por delante de nuestros ojos pasan personas, animales, cosas, acontecimientos, todos ellos conforman nuestra historia personal. Algunos dejan una huella positiva, otros negativa y otros pasan al olvido sin dejar rastro de su presencia.

Algunas vivencias son imborrables: un olor; el eco de una palabra;  un sueño nocturno; el horror de un sufrimiento;  lo bello de un paisaje; un beso a tiempo; la mirada que encontró lo escondido; un amor; la música de una presencia; y tantas cosas y personas que, porque acontecieron, han reconstruido el ser de cada uno de nosotros. El tiempo no los ha disipado.

En la vida hay rastros perceptibles por los sentidos y otros solamente por el sentimiento. A Dios  le gusta fugazmente dejar rastros permanentes, estos son cristalinos para el corazón

Dios está en la vida. Por la vida podemos ver a Dios. Dios es vida. Si estamos vivos y despiertos tenemos muchas probabilidades de palpar su  huella. Su paso deja  un rastro nítidamente borroso, visiblemente  invisible, intocable en su realidad, pero verdadero. La presencia de Dios  es como agua que se escurre por los dedos de las manos diciendo en un instante hola y adiós.

Algunas personas tenemos  poca memoria, y aún así hay cosas que no se nos olvidan, que mantenemos vivamente en el recuerdo, porque han horadado el corazón. Son para siempre. ¿Qué tienen para que el tiempo no las disipe, para que la memoria no las olvide? ¿De qué material están hechas, de cuál para que algunas amarguen indefinidamente y otras sean eternamente dulces?

Y me sigo preguntando ¿qué rastro dejo por la vida y cuál es el que me gustaría dejar?

Isa
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Johann Sebastian Bach, Air (6:08): http://youtu.be/E2j-frfK-yg

EL RASTRO EN LA BIBLIA