Presencia

Vimos con los ojos, pero el corazón dormía.
 
Empezaba el día y el rumor de tu presencia se extendía entre las calles.
Siempre con todo tu ser mezclado entre la gente.
 
Tus palabras ocupaban el lugar de la esperanza antes vacío,
tus obras admiraban a los que el deseo movía,
tu presencia hacía que lo demás sobrara,
tus manos, tus ojos, tu oídos, tus andares, todo de ti enamoraba.
 
Hablabas y el silencio transparentaba la admiración por tu sabiduría,
hablabas y el amor era lo único importante,
hablabas y respirábamos libertad,
hablabas y vivíamos desvividos por el roce con el hermano.
 
Vivimos contigo la realidad del mundo presente enmarcado en ese instante,
nos abriste los ojos y entendimos sin comprender lo que decías,
también el oído y escuchamos con deseo lo ya sabido sorprendidos,
nos liberaste la vida, y aún así quedamos sentados al borde del camino.
 
Y en el mejor de los momentos te llevaron, y te dejaste llevar, donde no sabíamos cómo ir,
quedándonos en el filo del abismo,
con el corazón destrozado sin saber a quién acudir,
con la valentía guardada entre los muros de la inseguridad y la incredulidad,
con los pies paralizados sin poder recordar tus palabras sobre el camino.
 
Te fuiste habiendo avisado, pero no entendimos tus palabras.
– ¿Dónde estás amor? ¿Dónde te encuentras?
Nos  hiciste entender cuál es la verdad, y donde está la vida,
pero – ¿por qué dejaste que te llevaran dejándonos sin tu presencia?
 
En la desesperación por lo ocurrido una piedra victoriosa movió el destino,
dejando volar hacia el Eterno, el Infinito, tu presencia,
 y con ella nos trasladamos al otro lado del camino empezando a comprender lo sucedido. 
 
Entonces, Tu luz empezó a brillar y cambió nuestro mirar ensombrecido,
vislumbramos el trasfondo de Tu vida, el sentido novedoso de la Palabra en Tu boca.
Es ahora,  cuando con tu ida hemos visto con los ojos y con el corazón al mismo tiempo,
sabiendo cuál es Tu camino, Tu vida trasmitida, Tu presencia.
  
Isa