Cosecha

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Al ir, van llorando,
llevando la semilla;
al volver vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Sal 126, 6
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Nuestra lengua guarda sabios dichos y proverbios sobre la acción de cosechar.

Cosechar es un verbo muy agrícola. En general, para la gran mayoría de las personas, la acción real de cosechar es algo lejano a su actual  estilo de vida. Ahora, pocas personas lo practican en el sentido más auténtico de la palabra,  y todos, sin embargo, nos aprovechamos de ello: LA COSECHA.

Unas amigas rumanas me contaban que en la celebración de la pascua ortodoxa tienen por costumbre cocer unos huevos y luego pintarlos de colores. Originalmente los teñían solamente de rojo, como símbolo de la sangre de Cristo, ahora- me dicen- nos hemos relajado y usamos todos los colores, que es más bonito. Entonces en la noche del sábado de resurrección, por parejas, chocan un huevo con otro y el que se rompe se lo comen. Ellas me decían que nunca los huevos duros les saben mejor que en esta ocasión. Y es verdad, que el sabor de las cosas es mejor cuando se condimenta con emoción y sentimiento, es decir cuando ponemos el corazón en ello y es algo de nuestra cosecha.

En la Biblia encontramos la palabra COSECHA en muchas ocasiones. En la antigüedad, la cosecha del año marcaba la vida de los pueblos, tanto es así, que el pueblo de Israel tuvo que emigrar, es decir dejar su tierra con todo lo que supone la tierra para ellos, e irse a Egipto dejándolo todo porque no tenían qué comer. Eran épocas de vacas flacas. El reflejo de esta situación de carencia también lo vemos en España, muchos pueblos quedaron despoblados por la escasez de alimentos y sus habitantes tuvieron que emigrar.

Y la acción de cosechar tiene mucho paralelismo con las cosas de la vida.

Una buena cosecha necesita de muchas labores previas: seleccionar las simientes, preparar el terreno, orearlo y  abonarlo y, ya después, podremos sembrarlo. Pero no todo termina ahí. Después hay que regar en su justa medida, y también evitar que se lo coman otros bichos antes que nosotros. Y a pesar de hacer todo bien,  y cumplir todos los pasos, la cosecha se puede malograr por otras circunstancias fuera del alcance de nuestras manos como son las inundaciones, el granizo, alguna helada o la sequía extrema.

Cuando sembramos,  y ponemos el corazón en ello, ya visualizamos una gran cosecha, pero a veces la cosecha se malogra sin saber por qué. Corazón puesto en la educación de unos hijos que salen rana; en un trabajo frustrado; en una amistad  mal entendida; en un proyecto ilusionante que no sale. Entonces nos sentimos fracasados y preguntamos ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué salió así si puse todo mi amor? Ah! Sólo Dios sabe el porqué. A lo mejor el fruto está en Él y lo buscamos visualmente en nuestro beneficio personal.

Nunca tenemos la seguridad del éxito en el trabajo aunque lo hayamos hecho todo fenomenal. La fe está en no derrumbarse cuando se viene todo a bajo, como casa de adobe en tormentas torrenciales, y nos quedamos sin la anhelada cosecha,  sin los resultados deseados.

Hay una mente superior a la nuestra que tiene todo planificado a la perfección y busca otra COSECHA diferente a la que nosotros esperamos, por tanto debemos aprender a vivir a la intemperie suya, a la intemperie de Dios.

Isa

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