Confiar

 
Bendito quien se fía del Señor,
pues no defraudará el Señor su confianza.
Jr 17, 7
Todas las cosas  hablan a la luz de la Palabra de Dios.

Los verbos son las palabras que indican la acción del sujeto. Es decir los verbos  son la acción. Sin verbos la comunicación no sería correcta. Tantos verbos, tantas acciones.

¿Será por ello que  dice Juan en su evangelio: “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, reconociendo a Jesús como el verbo en esencia? Jesús es la comunicación de Dios con nosotros, es la palabra de Dios, es el verbo divino. Para los cristianos Jesús activa nuestra esencia más divina, es el verbo de nuestra boca, es la palabra encarnada de Dios.

Uno de los atributos que define la naturaleza de  Jesús y su condición divina es la confianza absoluta en Dios, su verbo fue confiar.

Jesús nos enseñó a fiarnos de un  Dios que nos plantea una forma de vida que es el mundo al revés: dar para tener, amar al enemigo, morir para vivir… No es fácil, y a pesar de ello  Jesús y María, su madre, vivieron una vida confiada en el Padre.

Confiar es uno de esos verbos que suenan fenomenal, fáciles de pronunciar, pero difíciles en su práctica. El evangelio es reflejo de esta palabra: bello en su mensaje y costoso en su puesta en marcha.

Confiar supone dejarse, no controlar ni intentar hacerlo, es ponerse en manos de alguien o de algo a lo que presuponemos su buen hacer. Un ejemplo del proceso: cuando utilizamos  el GPS o navegador por primera vez tenemos una cierta desconfianza, o falta de fe, en llegar bien al destino deseado, como lo normal es llegar sin problemas, a la segunda o la tercera vez de su uso ya no tenemos tantas dudas,  y las siguientes  lo damos por hecho, creemos que funciona, hemos experimentado que podemos fiarnos de este aparato. De esta vivencia podemos deducir que con la experiencia positiva sobre algo se aumenta la confianza. Con Dios pasa lo mismo, la confianza en Dios hay que ejercitarla, entonces la fe en Dios se transforma en certeza o afirmación. El que tiene fe no ve, espera. El que ha experimentado afirma porque ha visto.

Si confiamos en  las grandes manos de Dios éstas nos protegerán, aunque nos pueden impulsar a un futuro incierto. ¡Ah! confiar supone riesgo.

El amor tiene mucho que ver con la confianza. Quien ama confía.

Confiar es estar sobre el suelo sin saber dónde están apoyados nuestros pies, pero sin perder la seguridad y la firmeza en la pisada. Es caminar sobre las aguas siendo el suelo la mirada en Dios. Los ojos en Él son los que nos mantienen en pie, si los retiramos puede que nos hundamos, entonces Dios-Padre nos tenderá su mano, como lo hizo Jesús con Pedro en el mar de Galilea.

Confiar en Dios es vivir mirando de frente, viendo sin ver.

Isa

Ludovico Einaudi.- Esvanire (7:15) http://youtu.be/naiu-of7J80