Cerca

Cerca está el Señor de los que lo invocan, de todos los que lo invocan con sinceridad. Sal 145, 18

Desde que leí el comunicado que hizo D. Pedro Casaldáliga con motivo de la recepción del premio internacional de Cataluña, en el año 2006, me resuena como lema, y a menudo como oración, su título: “Humanizar la humanidad practicando la proximidad”

De él extraigo lo siguiente:

“Yo me debo hacer prójimo descubriendo al próximo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo. Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del próximo, aproximándome a él, aproximándole a mí”.

Esa bidireccionalidad para conseguir la cercanía, esta ida y vuelta en dar y querer  recibir, esa disponibilidad, ese dejar que el otro vea y sea consciente de lo importante que es su vida para los demás, y la de los demás para él, me habla de amor. Cercanía que no invade. Acercarse y facilitarlo. Jesús se aproximó a la persona arrimándose a su vida,  y al mismo tiempo,  abriéndose y dejando al otro participar en la suya.  Un dar, un darse. Un dar, un recibir.

El salmo del inicio nos enseña  que es necesario invocar a Dios para que se aproxime, y en uno de los textos que he seleccionado más abajo, el de la teofanía de Mambré,  la manifestación de Dios hace de Abrahán un derroche de hospitalidad y acogida. Presencia viva que aviva.

Para conseguir la cercanía hay que intentar que ambas partes den pasos, ambos próximos para ser prójimos. Y para que esta cercanía sea acertada debemos de observar, respetar y pedir a Dios hacerlo como a Él le gustaría.

Jesús se acercó a la vida, y sobre todo a la de los que tienen más dificultades. Para él  fueron los primeros. Soy consciente de que la cercanía a las realidades con especial problemática me hacen ver el verdadero sentido de la vida. Realidades como la que puede vivir una persona con discapacidad que lucha por acceder a lo que es normal para la mayoría;  o la de las personas mayores que, habiendo vivido ya la mayor parte de su vida, quieren seguir disfrutándola con los demás y no en soledad impuesta; o la de una mujer inmigrante que, dejando casa, hijos y familia, trabaja para mantenerlos en la distancia; o la de un enfermo; o las personas que viven en  la pobreza; o la de tantos individuos que situamos al margen del mundo, siendo el centro.

Todas estas situaciones vividas de cerca humanizan, rompen seguridades y falsos esquemas. Quitan corsés. Nos ayudan a ser conscientes de lo importante. Y también nos previenen de que, en cualquier momento, incluso hoy mismo, nosotros podemos pasar a ese margen de la vida,  necesitando a alguien cerquita. Alguien que con nosotros esté amorosamente haciéndonos participar de su propia vida al mismo tiempo que acompañe la nuestra,  de cerca.

Isa

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Erkan Oğur – Aşk-Matthias Passion (5:16) http://youtu.be/ZUQL2Kwj5dg

CERCANIA

Las cosas de la vida nos trasladan, en muchas ocasiones,  a las cosas de Dios.
 

 
 
 
Cuando leo en la Biblia: ¡No tengas miedo, que estoy contigo! Recuerdo que cuando mis hijas eran pequeñas, y todavía no sabían nadar, yo les esperaba dentro del agua de la piscina y les insistía para que se tiraran diciendo: “¡No tengas miedo, salta! ¡Que estoy aquí, contigo!, ¡Venga que no me muevo!, ¡Que estoy contigo!, ¡Salta!”… Unas veces era persuasiva y saltaban al agua,  pero otras imposible, les podía el miedo.
 
 
 
En los textos que he ido seleccionando Dios nos dice de manera repetida e insistente que está con nosotros, que está conmigo, que está con nosotros, que no tengamos miedo. Y es que Dios es un Padre que nos lleva de la mano con todo cariño y ternura. Un Padre que siempre está con nosotros aunque no nos demos cuenta o no le veamos. Un Padre que nos dice que nos sintamos seguros porque él nos acompaña.
Os invito a orar y sentir con esta realidad de la cercanía de Dios en nuestras vidas.
 
 
Isa Cano
 

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Yumeji’s Theme by Shigeru Umebayashi  (2:29)  http://youtu.be/23oBMOvt85o